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Transtorno por deficit de atencion |
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TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN
"Mi cuerpo ocupaba un lugar en las aulas, pero mi alma vagaba continuamente por los espacios imaginarios. En vano los enérgicos apóstrofes del profesor, acompañados de algún furibundo correazo, me llamaban a la realidad y pugnaban por arrancarme a mis distracciones; los golpes sonaban en mi cabeza como albadonazo en casa desierta. Todos los bríos del padre Jacinto, que hizo de mi caso cuestión de amor propio, fracasaron estrepitosamente".
INTRODUCCIÓN.
El Trastorno por Déficit de Atención afecta a niños de entre 4 y 16 años, estimándose su presencia entre el 8% de la población estudiada. Actualmente se estima que al menos dos estudiantes de cada clase de 30 alumnos, sufren este trastorno, datos que por sí solos nos indican la enorme posibilidad de que cualquier profesor, a lo largo de su vida laboral, se tope con más de un niño con esta afección.
Sin embargo, mi corta experiencia personal como padre de un niño diagnosticado de TDA, ha demostrado el gran desconocimiento que, tanto entre padres, como entre docentes, se tiene de este trastorno. Esta es la principal razón que me han impulsado a escribir este trabajo, que intenta recopilar y hacer accesible la, por otra parte, extensa literatura existente al efecto, a todos los compañeros de Trabajo Social que, bien en el ámbito educativo (equipos de orientación), de Servicios Sociales (menores) o de Salud (Atención Primaria, Hospitalaria y Salud Mental), entre otros, puedan encontrarse con alguno de estos casos para, de esta forma, tener un mayor y mejor conocimiento sobre el TDA y poder orientar e informar a padres y docentes sobre la problemática detectada.
DEFINICIÓN Y ORIGEN DEL TRASTORNO.
El Trastorno por Déficit de Atención (en adelante TDA) fue denominado en un principio "Déficit de Control Moral", al considerar que los niños afectados no aceptaban las normas de comportamiento social. Posteriormente se denominó "Disfunción Cerebral Mínima", en base a la posibilidad de su origen neurológico, pasando por la denominación de "Síndrome del Hipercinético" o "Trastorno de Hiperactividad", que al describir de forma ambigua el trastorno, han ido quedando olvidados, ya que tan sólo recogían parte de los síntomas del TDA.
Los estudios sobre el TDA revelan que se trata de una afectación con un gran componente hereditario, así como se demuestra la influencia de algunas circunstancias sociales y educativas en su desarrollo, así como causas orgánicas.
La base orgánica descansaría sobre el déficit de dos neurotransmisores, la dopamina (autocontrol) y la noradrenalina (estrés) lo que dificultaría el correcto control, por parte del cerebro, del umbral de estimulación cortical adecuado y ocasiona un estado de inquietud. Por su parte, la presencia del TDA en hijos de padres afectados, sugiere una base genética del mismo. Se sabe que si en una familia hay un niño con TDA existe un 30-40% de posibilidades que otro de sus hermanos lo desarrolle. Más de la mitad de los padres que han padecido TDA tendrán un hijo con la misma patología.
El TDA es, por ello, el trastorno neuroconductual más frecuente en niños escolares, afectando entre el 3 y el 7 por ciento de éstos. Es un trastorno crónico, que no se cura, pero esto no significa que nopueda mejorar con el tratamiento adecuado. No se trata de de una lesión cerebral, sino de una alteración de su función. Los varones se ven afectados en un porcentaje de 4 a 1 con respecto a las mujeres, según algunas hipótesis, porque las niñas tendrían una protección genética frente al trastorno, o porque las niñas están peor diagnosticadas que los niños, por desarrollar los síntomas de manera distinta o de forma más tardía.
Como se decía anteriormente, también existen factores sociales y/o familiares que influyen en el desarrollo del TDA, bien asociados a su severidad (conflicto entre los padres, clase social baja, trastorno mental de alguno de los progenitores, críticas, severidad en el trato,etc) o a la reducción de sus efectos (buena salud infantil, alto nivel educativo, estabilidad familiar, etc).
SÍNTOMAS Y MANIFESTACIONES
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Los síntomas más evidentes en un niño con TDA son:
Falta de atención a los detalles o errores múltiples.
Falta de atención en actividades lúdicas.
Sensación de que no escucha
Falta de seguimiento de las instrucciones o incapacidad para finalizar las tareas.
Dificultad en la organización.
Evitación o disgusto ante actividades que requieran una atención sostenida.
Extravío de objetos necesarios.
Distracción ante estímulos irrelevantes.
Descuido de las actividades diarias.
La atención en estos niños es muy débil y no se sostiene durante el mismo tiempo que en otros niños de la misma edad. Suelen mostrar cansancio o aburrimiento en las tareas, pudiendo ser interpretado como "holgazanería". Les resulta difícil terminar los deberes, abandonan, o cambian de una actividad a otra. Incluso se distraen en las actividades que más motivan su atención cuando se sobrepasa un tiempo determinado. El déficit de atención conlleva un retraso en todos los niveles de aprendizaje, especialmente dónde se requiera una mayor atención sostenida.
Si el TDA se presenta con hiperactividad, los niños suelen presentarse inquietos, movidos e infatigables. El exceso de movimiento aumenta en las actividades que les producen mayor aburrimiento.
El TDA suela manifestarse con una gran riqueza de cuadros entre los que destacan:
Retrasos en las habilidades cognitivas
Deficiencias en el control de emociones
Torpeza motora
Deficiencia en la memoria.
Rendimiento variable
Bajo rendimiento escolar
Dificultades en la adaptación social
Baja autoestima
Problemas emocionales.
Estas situaciones pueden derivar hacia sentimientos de angustia, ansiedad, estrés y sentimientos depresivos.. Debido a las etiquetas que suelen arrastrar, estos niños llegan a la adolescencia con un concepto muy negativo de su propia persona, con una autoestima muy baja, que suele traducirse en unos sentimientos de inseguridad que puede afectarle durante el resto de su vida.. El niño suele tener dificultad para poder seguir una conversación ordenada con sus compañeros. En otras ocasiones y debido a su conducta dispersa, suele molestar a los compañeros de clase.. Se produce un retraso en el seguimiento del nivel académico. El niño sufre periodos de "ausencias" por inatención, con importantes lagunas en el conocimiento de algunas materias. Poco a poco se ve abocado al fracaso escolar.. Suelen desesperar a padres y profesores, mostrando una considerable variación en su rendimiento. Existe una notable dependencia del nivel de motivación. La memoria inmediata es de muy escasa duración, insuficiente para su almacenaje. Aparecen como niños desmemoriados.. Cuando el problema real es la falta de atención y concentración.. Sueles ser etiquetados de niños poco maduros, infantiles, alterables y con escaso control ante las frustraciones.. Las dificultades para mantener la atención conducen a un retraso en la adquisición de hábitos y destrezas cognitivas. Suelen ser etiquetados como niños torpes, perezosos o con dificultades intelectuales.
Si el TDA se presenta con hiperactividad se producen los síntomas siguientes:
Movimiento excesivo.
Abandono del asiento en la clase.
Sentimiento de inquietud.
Dificultades para el juego o las actividades de ocio.
Permanente estado de "marcha".
Hablar con exceso, respuestas precipitadas.
Dificultades para guardar turno, interrupciones e intromisiones.
El TDA puede presentar, dependiendo de su sintomatología, tres formas distintas:
Predominio del Déficit de Atención.
Predominio de la Hiperactividad/Impulsividad.
Forma combinada: mezcla de síntomas de las anteriores.
DIAGNÓSTICO.
Una vez detectados estos síntomas, cuya presencia permite diagnosticar al niño con TDA, se hace preciso medir con más precisión el grado real de trastorno, para lo que es necesario hacer pruebas diagnósticas y test, que proporcionen a los especialistas una idea más clara del alcance real de este problema.
Para hacer posible el acceso de los padres a estas pruebas es necesario, en primer lugar, evidenciar la presencia de los síntomas en los niños, para lo que la observación del comportamiento del niño en su casa y en el colegio, es fundamental. Estas observaciones hay que hacérselas saber a su Pediatra o Médico de Familia, quién deberá valorar la situación planteada y, si procede, derivar al menor hacia el Equipo de Salud Mental de referencia, a fin de establecer un diagnóstico definitivo y valorar qué tipo de intervención va a requerir cada caso.
Es necesario, por tanto, establecer un diagnóstico diferencial, para ver si los síntomas que presenta el niño son efectivamente TDA o se trata de otros trastornos que pueden presentar síntomas muy parecidos, como déficit visual o auditivo, trastornos psicológicos, etc.
TRATAMIENTO.
Según la literatura consultada el mejor tratamiento para el TDA es el que aborda los problemas de conducta junto a una implicación práctica y real de padres y profesores, beneficiándose del tratamiento farmacológico adecuado, en caso necesario. Es, por tanto, un tratamiento multidisciplinar que implicará:
Técnicas de modificación de la conducta.
Técnicas cognitivas, que mejoran la capacidad de compresión.
Ayuda psicopedagógica, para mejorar las tareas escolares.
Entrenamiento en habilidades sociales.
Apoyo psicológico: elevar la autoestima.
Apoyo familiar.
Apoyo de sus profesores.
Medicación (si fuese preciso).
Aquí se vuelve ha hacer evidente el objeto del presente trabajo: que padres y profesores dispongan de la mayor y mejor información sobre el TDA, ya que la adaptación del niño al familiar y escolar dependerá, en gran medida, de la actitud de las personas con las que trata a diario y de los esfuerzos que hagan para ayudarle.
En cuanto al tratamiento farmacológico, resaltar que su eficacia ante el TDA está ampliamente demostrado y recordar que debe ser supervisado por un médico especialista (pediatra o neuropediatra) no siendo, por sí sólo, la solución ideal a este trastorno.
Aunque pueda parecer contradictorio, los estimulantes parecen ser los mejores fármacos para el TDA, ya que consiguen mejorar los síntomas en un porcentaje que oscila entre un 70 y un 90% de los casos de los niños tratados. El más utilizado en España es el metilfenidato, comercializado con el nombre comercial de "Rubifén". Se administra por vía oral, se absorbe con rapidez y alcanza su mayor efectividad al cabo de los 90 minutos, alargando su efecto unas 5 horas. Suele tomarse durante el desayuno (eficacia en el horario escolar) y en el almuerzo (eficacia en las horas de estudio). Se suspende el tratamiento en periodo vacacional, fines de semana y festivos no docentes.
Los niños tratados con esta medicación mejoran mucho en su capacidad de atención, vigilancia, aprendizaje y control del comportamiento. Como efecto secundario puede darse una falta de apetito, que suele remitir pasados uno o dos meses de tratamiento. Las dosis de la medicación deben ser indicadas y revisadas por el especialista. Existen otros medicamentos, indicados para los trastornos que pueden aparecer asociados al TDA.
EL RETRASO O FRACASO ESCOLAR.
Es muy frecuente que los niños con TDA tengan padres y profesores que, desconociendo sus necesidades, les exigen los comportamientos característicos de los niños de su edad, no toleran el exceso de movimiento ni la constante falta de atención.
Desconocedores de las a estrategias educativas más adecuadas para el aprendizaje de habilidades cuando están presentes estos déficits, emplean con ellos las habituales. Esto constituye el principal factor de riesgo para la aparición de los problemas de comportamiento social, rendimiento académico deficiente y bajo autoestima, tan frecuente en estos niños.
La falta de atención lleva también al niño a no memorizar las instrucciones que recibe, lo que le imposibilita el cumplimiento o el cumplimiento de forma inadecuada, lo cual vuelve a ser una fuente de castigo o reproche por parte de sus padres y profesores.
Este estilo de comportamiento suele ser interpretado como desobediencia y mala fe por parte del niño, lo que provoca ira en los educadores, aumentando así la probabilidad del trato con medidas exclusivamente disciplinarias y punitivas.
El retraso acumulado en la adquisición de habilidades curriculares básicas constituye un factor de riesgo para la aparición de retrasos curriculares o bien fracaso escolar al producirse una imposibilidad para alcanzar los objetivos mínimos para el curso escolar en el que se encuentra, o bien un rendimiento inferior al que podría obtener en caso de dedicar más tiempo o poner más cuidado en sus tareas de estudio o de ejecución.
Este rendimiento es el resultado de la escasa dedicación a tareas de aprendizaje desde la primera infancia, lo que suele conllevar diversos retrasos en habilidades básicas.
6. RECOMENDACIONES PARA PROFESORES.
El tratamiento de estos niños es complejo y multidisciplinario, requiriendo intervención por parte de los padres, educadores y pediatras y, en algunos casos, educación especial, apoyo psicológico y tratamiento farmacológico.
La convivencia con estos alumnos requiere un esfuerzo muy importante de imaginación, constancia y considerables cantidades de energía, que se resumen en un solo término: paciencia.
Como recomendaciones hacia el personal docente se pueden destacar:
Eliminar agentes productores de estrés (medidas correctivas, instrucciones repetitivas, etc.).
Sentar al niño en un lugar con la menor posibilidad de distracción y dónde mejor pueda ser controlado por el profesor.
En caso de hiperactividad, permitirle levantarse periódicamente (limpiar la pizarra, tirar papeles, etc.).
Ofrecer una tarea pequeña cada vez o dividir las tares más grandes.
Aplicar instrucciones breves acompañadas con refuerzos visuales en lo posible.
Ofrecer recordatorias frecuentes para persistir en la tarea, evitando confundir o avergonzar al niño.
Evitar los castigos por olvidar, no encontrar o cumplir tardíamente las tareas encomendadas.
Hacer evidentes las consecuencias de la conducta incorrecta.
Ofrecer oportunidades para vivir "el éxito", centrándose en sus cualidades. "Designarle" "experto" de la clase en alguna actividad.
Pueden ser útiles las ayudas: calculadora, diccionario, etc.
7. RECOMENDACIONES PARA PADRES Y MADRES.
Aprenda más acerca del TDA. Mientras más sepa más podrá ayudarse a sí mismo y a su hijo o hija.
No actúe por su cuenta. Acuda a un especialista para disponer de un diagnóstico adecuado del TDA. No lo de por supuesto.
Sea positivo. Dígale a su hijo lo que quiere de él o ella. Premie el buen comportamiento. Refuerce sus habilidades, hable sobre sus potenciales y talentos.
Sea claro y consistente. Plantee unas reglas claras, simples y cortas. Si hace falta por escrito. El castigo por romper estas reglas ha de ser rápido justo y acorde con las normas pactadas.
Organice su horario en casa. Planifique un horario para levantarse y acostarse, para comer, para jugar, para ver la TV, para hacer os deberes. Escríbalo en un planning y colóquelo dónde el niño lo pueda ver. Explíquele los cambios que se introduzcan en la rutina.
Asegúrese que sus instrucciones se han entendido correctamente. Obtenga la atención del niño y mire directamente a sus ojos. Háblele con voz clara y calmada y pídale que repita sus instrucciones. Dele 1 ó 2 instrucciones.
No prometa lo que no podrá conceder. Haga lo que dijo que iba a hacer. En caso de error no le grite, si persiste en su actitud, pase al castigo estipulado.
Implique a TODA la familia en este proceso: padres, hermanos, abuelos, primos, tíos, etc.
No permita que le menosprecien, no le critique ante ellos, no cuente sus faltas entre sus familiares en su presencia. Expresiones como tonto, inútil, vago, flojo, subnormal, deficiente, etc deberán quedar PROHIBIDAS para referirse a su hijo o hija.
Observe a su hijo/a cuando juegue con los amigos. Premie el buen comportamiento en el juego.
Ayude en las actividades de la escuela. Ir a clases por las mañanas puede suponer un "suplicio" para ellos. Organice la ropa y la mochila la noche anterior. Dele tiempo para vestirse y que tome un buen desayuno.
Plantee la rutina para las tareas de la escuela. Debe tener un lugar adecuado para realizar sus deberes y estudio, lejos de distracciones. Déle descansos cada cierto tiempo. Anímelo constantemente pero deje que haga su trabajo.
Enfóquese en su esfuerzo, no en sus notas. Premie a su hijo si demuestra esfuerzo e interés. Si además saca buenas notas, mejor.
HABLE y COLABORE
Proporciónele una AGENDA dónde ir apuntando los deberes diarios que le mandan en clase. Controle que su hijo la utiliza, y que la utiliza bien. De vez en cuando compruebe sus apuntes con los de otro compañero de clase.
con los profesores de su hijo/a. Visite periódicamente a su tutor/a o consúltele por teléfono. Controle sus progresos y sus retrocesos.
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BIBLIOGRAFÍA
Conxita Puig y Cristina Balés. "Estrategias para entender y ayudar a niños con trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA/H)". Ediciones CEAC. Barcelona. 2003.
J Cornellá i Canals, A.Llusent Guillamet. Actualidad en TDA. Nº 1. "Trastorno por déficit de atención en adolescentes". Laboratorios Rubió. Barcelona. 2001.
F.Mulas, B.Roselló, P.Smeyers y S.Hernández. Actualidad en TDA. Nº 2. "Trastorno de déficit de atención con hiperactividad: actualización diagnóstica y terapéutica". Laboratorios Rubió. Barcelona. 2002.
E.Manuel García Pérez y Angela Magaz Lago. "Actualidad sobre el TDA/H". Grupo ALBOR-COHS. 2003. Asociación de Familiares de Niños Hiperactivos.
Internet. Sharyn Neuwirth, M.Ed. Nacional Institute of Mental Health. "Trastorno Hiperactivo de Déficit de Atención". EE.UU.1996.
Internet. El médico interactivo. www.medynet.com. Noticias.
Internet. Nacional Dissemination Center for Children with Disabilities. "Desorden Deficitario de la Atención".
Internet. Academia Americana de Médicos de Familia. "ADHD en los niños".
Internet. Servicio de Pediatría del Hospital Marina Alta. "Recomendaciones para padres y profesores de niños con déficit de atención".
Internet. Centro Médico de Nueva York-Centro Médico Cornell.Departamento de Enfermería Psiquiátrica. "Hoja informativa: trastorno de hiperactividad y déficit de atención". 1998.
Fundación ADANA. "Cuaderno informativo sobre TDA/H". Barcelona. 1998. "Autoestima y TDA/H". Barcelona. 2001.
INDICE
INTRODUCCIÓN.
DEFINICIÓN Y ORIGEN DEL TRASTORNO.
SÍNTOMAS Y MANIFESTACIONES.
DIAGNÓSTICO.
TRATAMIENTO.
EL RETRASO O FRACASO ESCOLAR.
RECOMENDACIONES PARA PROFESORES.
RECOMENDACIONES PARA PADRES Y MADRES.
TRABAJO SOCIAL: EDUCACIÓN PARA LA SALUD.
BIBLIOGRAFÍA.
Santiago Ramón y Cajal. Mi infancia y juventud.
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